Dio todo lo que pudo dar. Algunos entendieron su música, otros no tanto. Pero con lo que tenemos que quedarnos, además de su obra eterna producto de un proceso introspectivo tan valioso como el oro del mundo, es su pasión, la entrega desinteresada, la coherencia, la simplicidad y la belleza en esa simplicidad, el cariño y el afecto al público y a sus pares, a la gente que ama la música. El Flaco fue LA aguja en el pajar. Hizo cosas que casi nadie logra: entrar y sucumbir el alma humana.

Spinetta marcó mi despertar a la razón, me recordó que tenía cinco sentidos y que tenía que usarlos todos y que tenía un mundo alrededor esperando a ser percibido, me dio la luz para empezar a guiarme en el camino tan difícil de conocerse a uno mismo. Soy una de las tantas que lo adjudicó como padre. Cómo no sentirlo un padre con todas las enseñanzas que dejó.

GRACIAS POR SIEMPRE, FLACO QUERIDO

 


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