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Tal parece que el canal de las tres pelotas presentó la primer demanda penal ante el sitio "indexador" local actualmente en boga. El motivo: se dice que Cuevana subió la señal abierta y reprodujo contenido de Telefé, así infringiendo la ley de Propiedad Intelectual. Tomás Escobar (co-fundador de Cuevana) continuó aprovechándose de la ausencia legislativa en la materia, se escabullió en esa porción de marco legal que limita con la ilegal y respondió que el contenido indexado de Telefé no lo ve casi nadie, hablando en criollo, y que la programación en vivo correspondía a un frame de Justin.tv. 

Bien, hasta ahora el escenario parece bastante familiar y seguimos lamentando lo que pasó con la gente de Napster que tuvieron que cargar con la culpa por ser los primogénitos de una generación de pillos. Ahora, le voy a dar un giro de tuerca a esta noticia con una experiencia personal: hace un par de meses, vengo recibiendo llamadas de Telefónica de Argentina con una frecuencia que aumentó de diez a dos días y que terminó por colmar mi paciencia. "Ya rechacé cinco veces el servicio y me gustaría que la próxima me llamaran dentro de un año, en lo posible", solicité con amabilidad la última vez. Lo que ofrecían con tanta insistencia era el nuevo producto de Telefónica: Video On Demand, un paquete mensual de 39 pesos en los que uno tiene acceso a programación variada, desde series hasta películas, con el beneficio de que el cliente elige qué ver y qué no. A pesar de que la empresa ibérica supo adelantarse a la llegada de Netflix, comprobó con desilusión que el producto era un fracaso (sino, por qué tanta insistencia, ¿verdad?).

Ahora, ¿cómo se relaciona esto con la demanda a la que hice referencia? Resulta que Telefé Internacional pertenece al grupo de Telefónica de Argentina. ¡Aaaaaaaaah! La historia va cerrando, ¿no?. Entonces, Cuevana, que ya era un punto en contra para el producto al momento del lanzamiento, se volvió en una especie de enemigo para el mercado del Video-on-Demand. Cuesta, sé que cuesta, reconocer que un negocio falla y se hizo una muy mala inversión. Entonces, para no encarar la realidad, tal como lo haría cualquier persona en un acto de mediocridad absoluta, esta gente va y le hecha la culpa al otro. Ay, ay, ay... habrá que aferrarse al billetito.


 


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